lunes, 29 de junio de 2009

Reloj

Necesito silencio, en este momento, solo necesito silencio, y oscuridad, necesito pensar, comprobar que mi mente aún sigue aquí, comprobar que aún puedo articular imágenes coherentes en mi cabeza, comprobar que aún sigo existiendo.

Algunos escasos vestigios de luz se escabullen por las rendijas de las persianas, ojala fuera de noche, pero no..., no, no puede llegar la noche, a menos que antes llegue..., pero y si no llega, si se dio cuenta que lo nuestro no era lo suficientemente importante, si se da cuenta de que yo en realidad no valgo la pena, si se da cuenta de que lejos de mi, su vida seria mucho mas sencilla, no, no puedo permitirme pensar eso, vendrá, si vendrá, para quedarse conmigo, tengo que convencerme de ello, de lo contrario...

Tic tac, la habitación está fría, y oscura, pero el frío, el frío no es algo que quiera, la estufa no funciona, y el frío, es demasiado, siento los pies y las manos heladas, por mas que estoy cubierta con una frazada, tic tac, y ese ruido, ese reloj, que me recuerda que tal vez él no llegue, que tal vez no quiera llegar, tic tac, me carcome la cabeza ese ruido, que anuncia la muerte de los segundos, la llegada de la noche, que tal vez llegue sin él, que tal vez, esa noche me encuentre sola, sola como he estado siempre, y como probablemente seguiré estando, no, basta, basta de pensar asi, va a llegar, y cuando él llegue, me sentiré estúpida por haber dudado.

Tic tac, tic tac y sigue, sigue sonando, los segundos siguen corriendo, siguen muriendo, ¿todavía habrá sol?, si, todavía es de día, aún siguen allí esos leves lineas de luz, que se dibujan en el piso, inconscientes de la oscuridad del cuarto, tic tac, apenas siento los pies, muevo los dedos, intentando ahuyentar el frió, los froto con las manos, pero aún así, siguen helados, tic tac, tic tac.

Shhhhhhhhhhhhhhhh, callate, ya no mas, ya no mas, callate. No tiene sentido, estoy gritándole a un reloj, no tiene el menor sentido, pero quisiera que lo tuviera, quisiera que se callara, que deje de presumir que el tiempo pasa y que él no llega, que deje de jactarse de mi sufrimiento, callate, callate.

Las baterías, eso, si le saco las baterías se callara, es una maquina, solo una maquina sin vida, me levanto, y arrojo a un lado la frazada que hace un segundo conservaba un poco de calor alrededor de mi cuerpo, y el frío de la habitación me golpea cruelmente, cada terminación nerviosa se contrae, los vellos de los brazos se me erizan, debo caminar, llegar a esa maquina y callarla, ahora se expandieron los espacios, el trecho que me separa de mi enemigo es aún mayor, pero llego, aqui está, irradiando soberbia con cada monótono sonido que logra emitir, tic tac, tic tac, pero ya está, sostengo las baterias sobre mi mano, y el silencio, el dulce silencio vuelve a reinar, y las tenues lineas de luz siguen allí, dibujadas en el suelo.

Ahora puedo volver a el calor de la frazada, me envuelvo en ella, y recuesto mi cabeza en la almohada, tal vez pueda dormir, son varias las noches que he pasado en vela, si, dormir, puedo sentir el peso de mis párpados, y dejo que se cierren, no quiero luchar por mantenerlos abiertos, silencio, dulce silencio, él me despertara, cuando llegue, por que sé que llegará

Tic tac, tic tac, tic tac, no, ese sonido, aún sigue ahi, ¿como....?, tic tac, no, no puede ser, es mi imaginación, shhhhhhhhh, shhhhhhhhhh, tic tac, tic tac, las lineas, las lineas de luz ya no están, la noche, la noche llegó, y él, él no, ¿cuando desaparecieron las lineas de luz?, tic tac, tic tac, no se calla, basta, basta de tormentos, deja de torturarme, está entre mis manos, tic tac, puedo sentir el frío del metal entre mis dedos, pero ya no podrá seguir, lo arrojo al suelo con todas mis fuerzas, y el chirrido del metal me anuncia su muerte, tic tac, tic tac, sigue ahí, lo pisoteo, lo aplasto, y siento la estructura metálica atravesar mi piel, siento cada uno de los cortes que me provoca, y siento la sangre caer, y su olor, siento el olor que emana, siento el calor de la sangre, al salir de la fría piel de mi pie, y el dolor, es demasiado, pero lo ignoro, mi dolor no es en vano, cumplí mi propósito, ya no lo oigo, ya no oigo el anuncio de la muerte de los segundos, pero la sangre no se detiene, me envuelvo el pie en la frazada, pero siento como se humedece, siento como mi sangre atraviesa cada fibra , cada hilo, cada costura con que la intente detener.

Me siento débil, tengo sueño, no logro luchar, mis párpados no lo toleran, me está ganando, ya no quiero luchar, no si él no está, toc toc toc, ruido, ruido otra vez, ¿por que no puede haber silencio?, toc toc toc, pero no es el mismo sonido, este es nuevo, toc toc toc.

-Hola, ¿estas allí?, abrime por favor.

Esa voz, esa dulce voz, que me inunda en mis sueños, o en mi muerte, cualquiera sea la situación, allí está, dulce voz de mi dulce amor

-Abrime, sé que estás allí

Sigue, sigue hablando, que estoy en el cielo, este es mi cielo, y allí está, la luz, la luz del cielo, apenas la veo, y el sonido de la puerta abriéndose de un brusco golpe, es la puerta del cielo.

-Mi Dios, ¿que te pasó?- pregunta el ángel, y siento sus brazos enredarse en mi cuerpo.

-Oh ángel, he llegado al cielo, siempre supe que tú eras mi ángel.

-Shhhhh, no hables, ya pedí ayuda, aguanta solo un poco, no cierres los ojos, mirame- apenas oía sus palabras.

-Si, ángel.

Pero los parpados se cerraron.

Palabras Prestadas

Este es un fragmento de la obra "El conde de Montecristo", del autor Alejandro Dumas, el cual considero importante por la relevancia de las palabras que contiene:
No hay ventura ni desgracia en el mundo, sino la comparación de un estado con el otro, he ahí todo.
Solo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, querido amigo, para saber cuan buena y hermosa es la vida.
Vivid pues, y sed dichosos, hijos queridos de mi corazón, y no olvidéis nunca que hasta el día en que Dios se digne descifrar el porvenir del hombre, toda la sabiduría humana estará resumida en dos palabras: ¡Confiar y esperar!
Edmundo Dántes, Conde de Montecristo

domingo, 28 de junio de 2009

El comienzo

Este es el inicio, de algo que espero, no tenga final.
Gracias, desde ya, a todo aquel que se tome el tiempo de visitar este espacio, y compartir conmigo aquellas historias, que en gran parte son ficción, pero que, aun así, contienen algo de realidad.
Espero lograr entretenerlos, y que disfruten de leer, lo que yo, tanto disfrute de escribir.